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EL CENTRO
CULTURAL DE SAN MARCOS Y LA ANTIGUA CASONA DEL PARQUE
UNIVERSITARIO
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Los
patios históricos
Situado junto al acceso
principal al edificio, el Patio de Derecho o de Maestros es
de singular importancia. Aunque se lo recuerda sobre todo
por haber acogido los estudios universitarios de leyes, su
historia es la más antigua del monumento al ser el único
claustro que se mantiene sobre su área original desde los
orígenes mismos de la Casona. A través de toda su existencia
este ambiente albergó las dependencias y a veces hasta los
dormitorios de las principales autoridades que ocuparon el
lugar. A esa preeminencia se debe que haya sido también el
único patio de dos plantas desde tiempos del noviciado, cuya
época recuerdan las impresionantes yeserías con alegorías
místicas estratégicamente ubicadas entre los arcos.
La elaborada fuente de mármol
que en la actualidad luce data probablemente del siglo XIX y
es de procedencia europea. La vibración casi musical de sus
caídas de agua no impidió que también sirviera para los
famosos "baños forzados" en que a veces terminaban las
disputas académicas y políticas. Interesante testimonio de
ellas es la inscripción en relieve alusiva a la reforma
universitaria aún visible sobre la corteza de una de las
centenarias palmeras que para generaciones de sanmarquinos
identifican a nuestra alma mater.
El Patio de los Naranjos , sede
de la antigua Facultad de Letras, se asienta sobre los
restos de construcciones anteriores al noviciado. Es uno de
los espacios más característicos de la Casona, y su segundo
piso exhibe una hermosa galería cerrada, única de su tipo en
el Perú, producto de remodelaciones realizadas en las
primeras décadas del siglo XX con el fin de ampliar las
aulas. Un romántico cuadro pintado por Teófilo Castillo en
1912 muestra ese nivel superior antes del cerramiento,
luciendo aún la baranda que luego sería convertida en la
balaustrada que recorre los techos. En este claustro la
restauración ha permitido habilitar las más espléndidas
salas de exposición en todo el país.
El Patio de los Jazmines
vincula a los principales espacios ceremoniales del Centro
Cultural, así como a su Museo de Arqueología y Antropología
y un moderno auditorio. Todavía en 1927 se elevaba sobre él
un curioso mirador de aire republicano. Éstos y otros
elementos se perdieron con la creciente tugurización del
patio cuya propia planta se vio gravemente reducida en las
siguientes décadas. Las exploraciones arqueológicas, sin
embargo, han permitido recuperar las dimensiones originales
devolviendo a su ubicación primera las hermosas columnas de
fina madera. Las antiguas marcas inscritas en ellas ofrecen
un testimonio mudo de la historia vivida por un claustro
cuyas opulencias de otrora pueden intuirse en los restos de
murales barrocos recientemente descubiertos.
El Patio de la Mula , lleva
también el nombre de Patio de los Juniores Seminaristas o
Patio de Chicos por haberse destinado a los alumnos más
jóvenes del noviciado y del convictorio. Allí Edgardo de
Habich fundó en 1877 la Escuela de Ingenieros que luego se
trasladaría a una sede propia para convertirse en la
Universidad Nacional de Ingeniería. Tras encontrarse en
estado de colapso y cubierto por cúmulos de desmonte, este
espacio se ofrece ahora impecable y ha sido ampliado con un
segundo piso reversible, que aísla y protege al claustro de
las agresivas construcciones vecinas. Desde 1999 sus
magníficas instalaciones se hallan en pleno uso por los
elencos del Centro Cultural dedicados a las más variadas
artes musicales.
Un interés distinto es el que
despierta el antiguo Patio de Machos , luego llamado Patio
de Ciencias por las disciplinas que en él se dictaron y
ahora destinado al Museo de Arte y a la biblioteca del
Centro Cultural. Su tamaño menor le da un cierto aire de
intimidad, acentuado por el espléndido jazmín que trepa sus
barandas y los detalles artísticos de los mascarones en la
fuente de bronce.
Existe además el nuevo y
acogedor patio que transforma prodigiosamente al basural y
baldío sobre el que antes se erigía un ruinoso centro de
deportes. Ahora los magníficos árboles, así como las
buganvillas y otras plantas floridas, hacen de este café al
aire libre uno de los espacios más invitantes del Centro
Histórico de Lima, evocando en algo la antigua gran huerta
del noviciado.

Patio de
Derecho, 1890 |