Museo
de Arte de San Marcos
Director:
Germán
Carnero Roqué
Teléfono: 619-7000 anexos 5214-5215
Dirección: Av. Nicolás de Piérola 1222
Parque
Universitario
Centro Histórico de Lima
Correo electrónico: museoarte.ccsm@unmsm.edu.pe |
| |
|
Museo de
Arte de San Marcos
Archivo de
Pintura Campesina
El Concurso Nacional de Dibujo y Pintura Campesina
Juan Ansión
Lima, mayo de 1990
El no acceso al papel no ha
limitado al artesano andino en su creatividad plástica.
Tallado en madera, mates burilados(11), crucifijos de
hojalata, filigrana en plata, figuras de cerámica, mantas y
alfombras de lana, retablos con figuras de yeso: éstas y
otras expresiones plásticas encierran ricas y diversas
tradiciones. Mención especial merecen las tablas de Sarhua,
hechas en madera cubierta de yeso, con representaciones de
la vida diaria y ritual de tal nivel de desarrollo
artístico, y de tal cercanía al dibujo y la pintura sobre
papel, que los dibujos de los sarhuinos enviados al Concurso
siempre eran reconocibles al instante por su estilo. Si
ninguno de ellos fue declarado ganador, es porque el jurado
decidió apoyar creaciones más originales, menos enraizadas
en una tradición ya tan sólidamente establecida.
En el mismo sentido se observa
una influencia directa de tradiciones como las de los
retablos ayacuchanos, de ciertos tejidos puneños o de los
mates burilados, que son relativamente nuevas. El retablo
deriva del cajón de San Marcos, protector del ganado, los
mates burilados son de producción reciente(12), y los
tejidos ornamentales que se venden hoy son también de
creación nueva.
En el proceso de desarrollo de
un mercado, se genera una profusión de objetos cuya
calificación empieza a hacerse difícil: ¿son artesanales o
artísticos? Por lo pronto, el otorgamiento del Premio
Nacional de Cultura en 1975 a Joaquín López Antay, confiere
oficialmente a la producción del famoso retablista
ayacuchano la categoría de obras de arte. Estamos, en
efecto, ante la actitud moderna de un artista que, dejando
de trabajar en función de pedidos motivados por razones
mítico-religiosas tradicionales, recrea totalmente el
retablo, buscando nuevos contenidos y nuevas formas para el
desarrollo de una estética original. Los trabajos de
talleres de grandes retablistas y tejedores vienen
demostrando el enorme potencial de esta perspectiva.
El dibujo campesino se nutre de
las mismas fuentes y no cabe duda que su potencial artístico
sea similar, En seis años es notoria la mejora en la calidad
de los dibujos presentados. Esto muestra que es
perfectamente realista pensar en promover el desarrollo de
escuelas artísticas campesinas, no entendidas como centros
escolares, sino como tendencias artísticas que se
desarrollen en torno a ciertos paradigmas. Los sarhuinos ya
tienen, en este sentido, su propia "escuela". La comisión
regional del Cusco nos señala también la posible existencia
de una corriente pictórica:
"Aquí se caracterizan por
aislar escenas relacionadas por muros o cercos, asemejándose
a imágenes de los mates burilados".
Nos advierte, sin embargo:
"Pueden haber sido hechas
respondiendo a los gustos de los jurados, ya que muchos de
ellos imitaron ciertos elementos del afiche ganador del IV
Concurso Nacional".
Advertencia útil, que muestra
que el Concurso no recoge una cultura supuestamente presente
de manera pasiva en el campesinado, sino que, aun sin
quererlo, las decisiones del jurado orientan en determinadas
direcciones, puesto que los dibujos premiados tienen mayores
probabilidades de convertirse en pauta para el futuro.
En el mismo sentido, un
conjunto de dibujos de Puno parecen construirse de acuerdo a
pautas comunes relacionadas con la forma de usar y
contraponer colores planos, y con el uso muy simétrico de
espacios sobre un patrón similar al que se utiliza en
tejidos ornamentales ofrecidos a los turistas.
No se trata, claro está, de
impulsar un determinado paradigma, ni siquiera uno por
región, sino más bien de favorecer la eclosión de múltiples
estilos, tanto en la forma, en la construcción del espacio,
en el modo de utilización de los colores y en los
contenidos, cuanto en los soportes materiales utilizados, y
en particular, en la combinación del papel con otros
materiales, como sucede a menudo en los dibujos y pinturas
presentados.
Con buen criterio los
organizadores del concurso han separado a los concursantes
que tienen alguna formación artística previa de los que no
la tienen, y encuentran en esta actividad un medio de
expresarse y romper el silencio, comunicándose con los demás
a nivel nacional. No se trata aquí de promover el
academicismo de escuela, sino al contrario, de permitir que
vayan tomando forma artística cabal las expresiones nacidas
espontáneamente del ingenio y de la imaginación populares.
Roberto Miró Quesada, quien
fuera dos veces miembro del jurado del Concurso, escribe en
este libro un interesante artículo en el que precisa una vez
más(13) su punto de vista sobre el cambio cultural en el
país y sobre el proceso de "desandinización". Su posición se
opone polarmente a la de Karen Lizárraga. La población
andina, señala, "quiere desandinizarse". Y desde la
constatación de que "casi el 90% de la población del Perú
habla español, considerándolo un eje integrador "nos da una
lección de realismo y de humildad", insistiendo en "los
esfuerzos de los campesinos por integrar una nación donde lo
disímil y lo unitario pueden darse al mismo tiempo sin
maltratarse mutuamente", en esta "olla bullente que es el
Perú".
Su discurso recuerda
extrañamente a Arguedas, quien también veía en el Chimbote
del boom de la pesca un gran hervidero y nos hablaba de un
Perú de todas las sangres. Y digo que esta coincidencia es
extraña porque es conocido que Arguedas aun hablando
castellano, no se consideraba a sí mismo un "aculturado", es
decir, en los términos de Roberto Miró Quesada, no se
consideraba "desandinizado".
El problema es complejo y
seguramente lo seguiremos debatiendo por mucho tiempo aún.
Más allá de nuestros gustos y de nuestras ideologías,
tenemos muchas dificultades para aprehender teóricamente los
procesos culturales. ¿Cultura andina versus cultura
occidental? ¿Y en el medio un "mestizaje cultural" que no
encuentra lugar? Es una forma de ver las cosas, pero tiene
un gran defecto: supone que las culturas son entes bastantes
homogéneos y con fronteras relativamente nítidas,
separándolas unas de otras. En todo caso, ésta es una manera
de ver bastante cercana del sentido común de todos nosotros,
seamos campesinos o pobladores urbanos, quechua o
castellanohablantes. Corresponde a nuestra manera de sentir
las cosas en una sociedad discriminadora, y en este sentido
corresponde a una realidad social. Pero no necesariamente
expresa bien los procesos culturales tales cómo se dan.
Sería mejor partir de la idea
de que los seres humanos somos fundamentalmente iguales y
suponer que más allá de las manifestaciones externas las
culturas se parecen mucho en rasgos esenciales, aun cuando
algunas enfatizan aspectos que otras apenas esbozan. Este
punto de partida no anula las diferencias, pero permite
descubrir que la incomunicación no radica en ninguna
supuesta irreductibilidad fundamental entre culturas -que
haría del malentendido cultural una fatalidad casi
necesaria- sino es mucho más el resultado de una
construcción social, como en el caso andino: así, en el
ejemplo del encuentro de Cajamarca es evidente que la
incomunicación es atizada por el interés de los
conquistadores de no comprender el gesto del Inca.
Acostumbramos a hablar de
resistencia cultural indígena frente a la agresión hispana y
enaltecemos su heroicidad. Pero vemos entonces que el
desarrollo de esta resistencia y de un identidad frente a
los españoles, no es sino la otra cara de una medalla de la
política colonial de dominación que, al jerarquizar a la
población en castas, mantenía o creaba necesariamente rasgos
culturales diferenciados en los indígenas, de tal suerte que
se podría decir que, aun cuando mantenía el germen de la
rebelión y permitiría el desarrollo de particularidades
culturales sobre bases propias, esta resistencia cultural
era en algún modo funcional a la dominación colonial.
En este sentido resulta lógico
que, en el Perú contemporáneo la lucha del campesino siga
siendo por integrarse y por romper con las barreras de la
incomunicación y de la discriminación, de lo que deriva su
deseo consciente de abandonar lo que lo identifica como un
ser diferente considerado inferior. Por ello, abandona su
forma de vestirse, sus "custumbres", su lengua, al migrar a
las ciudades. Y esto es lo que le hace hablar de "desandinización"
a Miró Quesada.
Pero las cosas no son tan
simples. No basta cambiar de vestimenta, ni siquiera de
lengua, para cambiar de cultura (es decir para abandonar las
particularidades culturales), Los hábitos culturales actúan
tanto más cuanto no aparecen directamente; la conciencia.
¡Cuán difícil es para un quechuahablante pronunciar
correctamente las vocales del castellano o para cualquier
migrante de la sierra -aun de habla española- esconder su
dejo provinciano! No puede hacerlo y eso es fuente indudable
de discriminación.
El modo, de acercarse a una
persona, la forma de saludar o de pelear, la actitud frente
a los múltiples problemas de la vida cotidiana, incluso la
manera de vivir el dolor o de celebrar las alegrías, todo
ello forma parte de hábitos culturales que, ciertamente van
cambiando en nuevas situaciones, pero cuyo abandono o
modificación no pueden ser controlados totalmente por
decisiones individuales, ni siquiera por la firme decisión
de cambiar, Por ello, el abandono de los signos de
pertenencia cultural más visibles no significa
automáticamente la "pérdida" de las particularidades
culturales más profundas. Después de todo, no creemos que un
japonés deje de serlo porque maneje una computadora o baile
rock. ¿Por qué habría de ser diferente con un andino?
Se puede ver lo mismo en un
sentido más positivo también. Aunque el trabajo mancomunado
no es privativo de la sociedad andina, ésta le ha dado un
lugar particularmente importante. Y los hábitos culturales
adquiridos en las comunidades y pueblos andinos han
contribuido enormemente a la organización de los pobladores
urbanos. Lo mismo podría decirse del uso de las relaciones
de parentesco o de la actitud muy anclada en el campesinado
andino de buscar siempre apropiarse de los instrumentos
culturales que le parezcan útiles para sus propios fines.
Otros aspectos como la manera de resolver los conflictos, la
relación con la autoridad, las prácticas y creencias
relacionadas con la curación de enfermedades, el modo de
enfrentar la relación con la muerte y con el más allá. Son
tantos otros ámbitos en los que se producen
transformaciones, pueden cambiar contenidos, pero se
mantienen también bases más profundas que se remueven en
procesos más largos y dependen menos de la voluntad
conciente de los individuos.
____________________________________________________________________
(11) Véase SALAS, María
Angélica, Los mates burilados, Tesis de licencia en
antropología, Pontificia Universidad Católica del Perú,
1984. (12) Véase SALAS, ibídem.
(13) Véase entre otros artículos de Roberto Miró Quesada:
"Arte urbano: Lo popular que viene del futuro", en
Socialismo y participación, N° 36, y "Crisis estructural y
cultura nacional: Lo andino como eje nodal", en Socialismo y
participación, N° 41. |
|