Museo
de Arte de San Marcos
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Universitario
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Museo de
Arte de San Marcos
Archivo de
Pintura Campesina
El Concurso Nacional de Dibujo y Pintura Campesina
Juan Ansión
Lima, mayo de 1990
Mi primer contacto con el
Concurso Nacional de Dibujo y Pintura Campesina, fue a
través de dos alumnos de un curso sobre Pensamiento Andino
que dicté en el año 1986 en la Universidad Católica , dos
entusiastas promotores del Concurso, quienes buscaban
respuestas a sus inquietudes sobre la vigencia de la cultura
andina. Yo traía, básicamente, materiales de relatos míticos
que fuimos complementando con el estudio de dibujos del
Concurso proporcionados por ellos.
Fue una experiencia
enriquecida. Descubrimos juntos que los relatos míticos y
los dibujos compartían elementos comunes que nos permitían
vislumbrar una coherencia entre las distintas formas de
expresión del campesinado andino. Percibíamos que un estudio
más sistemático de relatos míticos y dibujos nos
proporcionaría una base más sólida para avanzar en la
discusión sobre las características de la cultura andina, al
permitirnos un acercamiento a las expresiones culturales,
que fuera más técnico y estuviera menos teñido de nuestros
prejuicios ideológicos. En algo se ha avanzado en este
terreno desde entonces, pero el programa planteado aún sigue
esperando realizarse en su mayor parte.
Avances en este campo podrían
colocar en un terreno más fértil la discusión actual sobre
cultura andina y modernidad, la que, por lo demás, rebasa
ampliamente el campo específico de las ciencias sociales. Es
un signo alentador el que se empiece a debatir públicamente
acerca del racismo o de las condiciones de la modernización.
La construcción de la Nación peruana exige que se ventilen
lo más profusamente posible los temas relacionados con la
identidad étnica y con el progreso, temas hasta hace poco, o
bien totalmente inhibidos, en el primer caso, o bien
aceptados sin discusión, en el segundo.
¿De qué progreso hablamos y qué
progreso queremos? ¿Tiene sentido hoy en día hablar de
identidades étnicas y qué significa? ¿Podemos hablar todavía
de una cultura andina? ¿Es posible pensar para el Perú en
una modernidad andina, como existe una modernidad japonesa?
¿Es esto compatible con la multiplicidad cultural y étnica
del país? ¿Sigue siendo pertinente hablar de mestizaje
cultural y es éste un artífice de lo nacional, o debemos
rechazar esta terminología?
Éstas y otras preguntas
similares son difíciles, pero ya no podemos dejarlas sin
respuesta, porque encierran en sí los problemas más
profundos del país y también sus posibilidades. Encuentro
dos vías convergentes para responder: la primera, decisiva,
es el desarrollo de la práctica cultural misma, en tanto va
encontrando su camino; la segunda pretende ser apoyo de la
primera, es el estudio técnico y sistemático del proceso
cultural, su teorización, la reflexión calificada sobre el
movimiento práctico.
Ahora bien, podemos soñar en
mejores respuestas y trabajar en ellas. Pero la vida no
espera y el debate se arma con los recursos del momento. Por
ello, es un mérito de los artículos de Roberto Miró Quesada
y de Karen Lizárraga presentados en este libro, el
ofrecernos cada uno -desde posiciones polarmente opuestas-
su visión sobre este debate, a la luz de la experiencia y de
los materiales del Concurso de Dibujo y Pintura Campesina.
Mi interés por esa discusión y
la intuición de que el Concurso encerraba un potencial
importante para el desarrollo de la expresión cultural
campesina, me llevaron a aceptar formar parte del jurado
nacional en dos oportunidades. Desde allí, tuve la suerte de
compartir una reflexión conjunta con los organizadores del
Concurso, en paneles y talleres, y de entrar en contacto con
los participantes y con los promotores de provincias.
Pudimos así debatir sobre las características de la cultura
andina y sobre las manifestaciones iconográficas populares,
a la vez que ir siguiendo el proceso de organización que se
iba gestando en torno al Concurso en las distintas regiones
del país. La revisión del camino recorrido luego de la
culminación del sexto concurso, evidencia grandes logros: no
solamente la riqueza de los dibujos presentados, sino
también el entusiasmo de los participantes quienes, con los
años, han seguido creciendo en número y calidad, todo ello
gracias a un trabajo interinstitucional constante que ha
permitido a su vez el desarrollo de una corriente cada vez
más poderosa a nivel nacional, asentada en una base regional
con creciente iniciativa y organización.
Así, el Concurso Nacional de
Dibujo y Pintura Campesina se incorpora a un gran torrente
de desarrollo de la expresividad popular y lo hace sostenido
por una pujante organización desde las regiones. Estos dos
aspectos no están unidos artificialmente. Su estrecha
vinculación se origina en el modo en que los campesinos van
empezando a apropiarse de un nuevo medio de expresión y
comunicación. Lo hacen desde su vida cotidiana, desde sus
sufrimientos y sus luchas, desde sus esperanzas también, que
siempre aparecen unidas al fortalecimiento de su
organización.
El Concurso ha ido abriendo la
posibilidad para los campesinos de acceder a un uso nuevo
del papel, antiguo medio de expresión y de comunicación
negado al mundo indígena que vio siempre en él un
instrumento de dominación y de marginación. Desde los
inicios de la Colonia , la imaginación popular asoció el
papel escrito con el poder del blanco, como ya lo remarcaba
Garcilaso de la Vega al dar cuenta de la versión -no
histórica según el mismo, pero difundida entre la población-
según la cual Atahuallpa, en el encuentro de Cajamarca, al
recibir la Biblia de manos de Fray Vicente de Valverde, "le
tomó y le hojeó y puso el oído y como vio que no le hablaba
lo echó en tierra"(1), lo que fue la señal del inicio de la
masacre de los indios. Cuatro siglos y medio después, un
cargador cusqueño, monolingüe quechuahablante, repetía una
versión asombrosamente similar:
"Los españas (...) le habían
dado al Inca un papel:
- Este papel habla, diciendo.
- ¿Dónde está que habla? Y
había botado el papel al suelo. (...) Así se hizo matar
nuestro Inca."(2)
El drama del encuentro de
Cajamarca sigue representándose en la actualidad en
teatralizaciones que no son propiamente espectáculos en el
sentido moderno, sino fiestas en las que todos participan.
Alberto Flores Galindo y Manuel Burga han estudiado el tema,
mostrando que estas representaciones se relacionan con el
desarrollo de lo que han llamado la utopía andina(3). Luis
Millones, por su parte, describe en los siguientes términos
la reproducción de la misma escena en el pueblo de
Carhuamayo:
"Valverde da un corto discurso
que traduce Cusichimpu, luego entrega al Inca un mazo de
papeles que Atahualpa huele, pone al oído, muerde y
finalmente arroja por los aires. Inmediatamente cargan los
españoles y el enfrentamiento (...) se lleva a cabo".(4)
Comentando un texto de 1871 que
describe una celebración similar del drama en Chayanta,
Nathan Wachtel destaca la importancia de la escritura como
signo de la superioridad española, tema sobre el que se
injerta el de la no comprensión: por más que se ponga el
mensaje de Almagro al oído, el Inca no escucha nada, del
mismo modo como la Biblia será muda para él. Otro aspecto
puesto de relieve por el mismo autor son los juegos de
escena que manifiestan la no comprensión:
"cuando un Español abre la
boca, es sólo para 'mover los labios'. No se emite ningún
sonido. Felipillo traduce: ilustración de la ruptura entre
dos mundos"(5).
Drama, entonces, de la
incomunicación entre dos mundos puesta al servicio de la
estrategia del poder colonial. Por ello, la lucha campesina
por aprender el castellano y por tener acceso a la
escritura, chocó frontalmente con los viejos intereses
terratenientes heredados del antiguo sistema colonial de
dominación, como lo observó hace tiempo Rodrigo Montoya(6).
Un análisis de la estrategia
campesina de incorporación de la escuela dentro de las
comunidades, revela que ella es incorporada, ciertamente,
dentro del proceso de lucha contra el antiguo poder de los
gamonales, pero sobre todo -en positivo- como un instrumento
que permite ubicarse en mejores condiciones en la relación
con el mundo exterior, para defender mejor a la comunidad y,
mucho más aun, para salir hacia los centros urbanos. Esta
apropiación de la escuela representa tal vez uno de los
esfuerzos más importantes de la población campesina por
transformar su cultura por propia decisión. Sin embargo la
escuela ha sido incorporada tal cual, como un paquete
cerrado, y sólo muy recientemente van apareciendo exigencias
de adaptación de su metodología y de sus contenidos, en
dirigentes campesinos que perciben los límites de la escuela
rural porque conocen la realidad urbana y nacional.
Paralelamente, exceptuando los esfuerzos truncos de la
reforma de la educación del período velasquista, el Estado
hizo muy poco por transformar la escuela en el campo(7).
Esta situación ha conducido a
una falta de eficiencia impresionante de la escuela rural en
general(8). Así, la escuela rural es apenas una puerta que
permite salir a la ciudad, y de ningún modo -como podría
serlo- un centro de creatividad, de reflexión y de estudio a
partir de la realidad del campo. Es dramático constatar que
los alumnos que terminan la primaria a veces ni siquiera son
capaces de leer de manera corrida. En todo caso son
incapaces de redactar por cuenta propia, sino sólo de copiar
palabras y oraciones escritas por el profesor. El memorismo
y la enseñanza repetitiva, tantas veces denunciados, hacen
muy difícil una verdadera apropiación del lenguaje escrito y
tienden a mantener a la población en una relación pasiva con
respecto al papel escrito: en el mejor de los casos se
vuelven lectores y copistas (y eventualmente plagiarios),
más no escritores.
En este contexto, el dibujo
constituye una excelente alternativa de expresión y
comunicación mediante el papel. Karen Lizárraga, en su
artículo en el presente libro, critica la educación formal
por apoyarse "en modelos ajenos en los que predomina el
discurso como medio primario de aprehensión y expresión".
Para ella, en efecto, la imagen es el verdadero "nivel
primario" propio del registro andino. Según ella, José María
Arguedas, al apoyarse únicamente en la palabra escrita, no
había podido llegar al "nivel primario de la raíz cultural:
la imagen".
Me parece interesante recalcar
la importancia de la expresión iconográfica en el mundo
andino, pero no tenemos por qué absolutizar un solo medio de
expresión. La música, el canto, la danza, por ejemplo, son
expresiones culturales que Arguedas tuvo en muy alta estima.
Pero su objetivo era hacer oír su voz en el Perú entero y
más allá y, para ello, como buen andino, utilizó la lengua
dominante recreándola para ser fiel a sí mismo. En el mismo
sentido, el problema de la educación rural no es que utilice
el discurso como medio "primario" de aprehensión y
expresión, sino que imponga el medio como un absoluto, y que
sea además muy ineficiente en ello.
La referencia de Karen
Lizárraga a Guaman Poma de Ayala, me parece, en cambio, muy
pertinente. Los dibujos del cronista indio siguen siendo
hasta ahora una fuente de información aún insuficientemente
trabajada, no sólo sobre hechos de la época, sino también
sobre formas de representación simbólica. En Guaman Poma, el
dibujo explica el texto y viceversa. Ninguno es primero: son
dos aspectos complementarios de la comunicación.
El mismo tipo de relación
aparece hoy en el Concurso entre los dibujos presentados y
las cartas que los acompañan. Éste no es un caso aislado, ni
se debe sólo a un pedido de los organizadores, quienes no
han hecho más que reforzar una iniciativa espontánea de los
participantes. Es más, en un concurso distinto, destinado a
recoger relatos sobre árboles en el marco de un proyecto de
la FAO , se observó la situación inversa: los textos
escritos eran acompañados frecuentemente de dibujos
ilustrativos que comunicaban detalles no expresados en las
narraciones.
El aprendizaje de la expresión
escrita es siempre difícil. En el Perú, sobre esta
dificultad natural, se monta otra, muy fuerte: el bloqueo
psicológico que produce una antigua relación traumática con
la escritura, reforzado por un sistema educativo contrario
al desarrollo de la creatividad literaria. Con el dibujo, en
cambio, la relación es muy distinta. Aunque el soporte
material utilizado no sea normalmente el papel, las
expresiones gráficas son múltiples y cercanas en la vida
campesina. El tejido es un pilar central en el registro
andino, según afirma Karen Lizárraga(9). Esto se extiende a
la vestimenta, en particular a la que se usa en fiestas, y
sobre todo en danzas. Los colores y dibujos de la vestimenta
de los danzantes de tijeras, por ejemplo, son eficaces modos
de simbolizar el mundo subterráneo y de los cerros al que
están ligados. El propio uso del espacio por los bailarines
en una danza sigue patrones similares a los de
representaciones gráficas de los tejidos o de obras
arquitectónicas antiguas (10).
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(1) GARCILASO DE LA VEGA ,
Historia General del Perú, Torno 1, editorial Universo,
Lima, 1977, p. 84. (2) VALDERRAMA, Ricardo y
ESCALANTE, Carmen, Gregorio Condori Mamani. Autobiografía,
Centro de Estudios Rurales Andinos "Bartolomé de las Casas",
Cusco, 1972, p. 42. (3) FLORES GALINDO, Alberto,
Buscando un inca: Identidad y utopía en los Andes, Instituto
de Apoyo Agrario, Lima, 1987; BURGA, Manuel, Nacimiento de
una utopía. Muerte y resurrección de los incas, Instituto de
Apoyo Agrario, Lima, 1988.
(4) MILLONES, Luis, El inca por la coya. Historia de un
drama popular en los Andes peruanos, Fundación Friedrich
Ebert, Lima, 1988, p. 59. (5) WACHTEL, Nathan, La visión
des vaincus. Les lndiens du Pérou devantla Conquéte espanole,
Gallimard, 1971, p. 74. (6) MONTOYA, Rodrigo,
Capitalismo y no capitalismo en el Perú, Mosca Azul, Lima,
1980, pp. 309-317. (7) Para un desarrollo del
análisis sobre la escuela campesina, véase: ANSIÓN, Juan, La
escuela en la comunidad campesina, Proyecto Escuela,
Ecología y Comunidad Campesina, Lima, 1989.
(8) No ignoro los esfuerzos de
algunos programas experimentales y de profesores rurales
heroicos que trabajan en condiciones difíciles, pero la
falta de una política coherente y adecuada no ha permitido
que se resolviera el problema general. La desesperación por
masificar programas experimentales sin mayor criterio
técnico, podría por otro lado tener efectos
contraproducentes como en el caso de la educación bilingüe
en Puno. (9) Sobre el tema, véase por
ejemplo el análisis de tejidos tradicionales aymaras de
Verónica CERECEDA BIANCHI, en su tesis de maestría en
antropología, Aproximaciones a una estética andina: De una
idea de belleza a una idea de meditación, Pontificia
Universidad Católica del Perú, 1985. (10) Véase VAN KESSEL, Juan,
Danzas y estructuras sociales de los Andes, IPA, 1981: "Los
adornos repetitivos que orillan tantas obras arquitectónicas
y objetos artesanales, con meandros, etc. (...), presentan
una similitud estructural con las repeticiones de los
elementos coreográficos propios que se desarrollan en una o
dos filas de bailarines" (pp. 265, 266).
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